



La consideración de la Costa del Sol como destino turístico internacional empieza a tomar cuerpo a partir de la segunda mitad del siglo pasado, en un momento en el que el turismo de elite, escaso y selectivo, busca nuevos lugares, período que también coincide con el de la incorporación a la actividad turística de unas capas sociales más amplias.
Por lo que respecta a la denominación o ‘marca’ Costa del Sol, hay varias paternidades y ninguna de ellas demasiado clara, pero lo que sí está documentado es que esta zona del litoral andaluz se publicitó con el nombre por el que hoy es conocida mundialmente en la Exposición Iberoamericana celebrada en Sevilla en 1929. Según algunos testimonios, la denominación Costa del Sol fue acuñada por un cónsul austriaco que residía en Cádiz y viajaba con frecuencia a Almería. El desplazamiento lo realizaba por la costa y, necesariamente, tenía que pasar por las provincias de Málaga y Granada, y a toda esa franja litoral la denominó Costa del Sol tras comprobar la bondad climática de la zona. Años después, con el extraordinario despunte turístico del litoral malagueño, la Costa del Sol se circunscribió exclusivamente a la provincia de Málaga.
De todos modos, la historia real de la Costa del Sol se inicia en Torremolinos y con un claro antecedente: la presencia de George Langworthy, más conocido por los lugareños como “El inglés”, debido a su procedencia británica. Este singular personaje se instala, junto a su esposa, en el Castillo de Santa Clara, que adquiere a finales del siglo XIX y que posteriormente pasaría a ser una residencia para extranjeros.
Años más tarde, Carlota Alessadri Tettamanzy convertiría una de sus propiedades en el Parador de Montemar, y poco después abriría sus puertas el hotel La Roca. Pocos podían imaginar que en torno a estos tres primeros establecimientos, a los que acudían gentes de extrañas costumbres, iba a surgir un emporio turístico de primera magnitud. La apertura en 1959 del hotel Pez Espada vino a ser como el pistoletazo de salida hacia la consolidación turística de Torremolinos, donde ya empezaban a verse a muchos famosos –sobre todo grandes estrellas del cine- que, a su vez, atraerían a más visitantes de gran repercusión mediática.
El despuntar de Torremolinos en el ámbito turístico produjo un inevitable efecto dominó, y así, a finales de los años 60 y principios de los 70, los municipios cercanos, como Benalmádena, Fuengirola y Mijas, iniciaron igualmente un insospechado crecimiento turístico, al que contribuyó en no poca medida el hecho de que la Costa del Sol empezara a convertirse también en un inmenso plató cinematográfico en el que se rodaba una película detrás de otra (unas 250 hasta finales del año 2005).
Pero a unos kilómetros al oeste de Torremolinos empezaba a fraguarse otro “boom”, en este caso, sobre todo, de la mano de Alfonso de Hohenlohe, Norberto Goizueta y José Luque, quienes colocaron a Marbella en lo más alto del turismo internacional. El primero de ellos, con la inauguración del Marbella Club (1954), consiguió que la aristocracia, los grandes magnates, las más cotizadas estrellas cinematográficas, la “jet set”, en suma, se citara todos los años en Marbella. Y aún quedaba otra vuelta de tuerca: la inauguración de Puerto Banús, en la década de los 60, que propició la escala de grandes yates en sus muelles y la creación de una marina que se colocó sin dificultad en la más afamada del Mediterráneo, si se tiene en cuenta el número de personajes conocidos internacionalmente que suelen visitar los establecimientos allí concentrados.
Ya no bastan los grandes hoteles de lujo para satisfacer la diversificada demanda de un turismo de alto poder adquisitivo, por lo que, a la par, abren sus puertas las discotecas y salas de fiesta más sofisticadas, algunos casinos y, por encima de todo, surge un entramado de campos de golf sin parangón en ninguna otra zona de Europa. La oferta de ocio va complementándose con la puesta en marcha de numerosos parques acuáticos, la apertura de parques temáticos y de atracciones y con la visión puesta en otros segmentos turísticos como el de congresos, cultural y de interior, con la Serranía de Ronda y la Axarquía como las zonas de mayor interés, un interés que luego se extendería también hacia las comarcas de Antequera y del Guadalhorce.
Menos espectacular, y no por ello menos destacable, ha sido el desarrollo turístico de la zona oriental de la Costa del Sol, encuadrada casi en su totalidad en la comarca de la Axarquía (nombre de inequívoco origen andalusí). El municipio más conocido de este territorio, Nerja, empezó a sonar en el contexto turístico tras el descubrimiento en 1959 de una impresionante gruta de dimensiones poco comunes en la cercana localidad de Maro.
La Cueva de Nerja, donde se celebra anualmente, en el mes de julio, un festival internacional de música y danza, ha sido sin duda el reclamo –junto a un excepcional paisaje de sierras y acantilados- que ha colocado no sólo a este municipio sino también a todos los de su alrededor en una destacada situación turística. El Festival Internacional de la Cueva de Nerja, con más de 40 años de historia a sus espaldas, se convirtió, desde sus inicios, en una ineludible cita cultural que no ha hecho sino aumentar y consolidar su prestigio año tras año, con la participación de las máximas figuras mundiales de la música, la danza, el canto y el flamenco.
Salvada la dificultad de comunicación con la capital malagueña tras la inauguración hace unos años de la autovía del Mediterráneo, la Costa del Sol Oriental se perfila como uno de los más interesantes recursos turísticos de la provincia de Málaga.
En el medio siglo transcurrido entre aquel incipiente Torremolinos que, sorprendido de sus posibilidades, se asomaba, incrédulo, a la escena turística internacional, hasta hoy, la Costa del Sol ha sabido adaptarse a las necesidades de los flujos turísticos y, en la actualidad, ocupa el primer lugar de la España peninsular en número de visitantes (9,8 millones en 2005), cuenta con una planta hotelera que supera los 350 establecimientos con cerca de 90.000 plazas y mantiene una oferta de ocio capaz de satisfacer los gustos más generalizados y los más singulares.
Con frecuencia suele decirse que Málaga en su conjunto es un pequeño continente. Esta aseveración, que en principio puede parecer exagerada y pretenciosa, corresponde a una realidad que el visitante comprobará en sus desplazamientos por las distintas zonas de la provincia. En sus 7.272 kilómetros cuadrados –curiosamente la menos extensa de Andalucía- la provincia alberga todos los paisajes posibles, los más variados contrastes, la más completa red de establecimientos hoteleros y, por ende, una oferta turística prácticamente ilimitada.
Con el fin de que el visitante tenga una idea aproximada de esta oferta, pensada exclusivamente para hacer su estancia más agradable en esta zona, la sección “La Costa del Sol ofrece” sintetiza algunos de los servicios y actividades que pueden acaparar la atención del turista que elige la provincia de Málaga para pasar sus vacaciones, con la seguridad de que alguno de sus apartados le satisfará plenamente.
Turismo de sol y playa
La oferta estrella de la Costa del Sol sigue siendo la de “sol y playa”, no en vano fueron sus soleadas playas las que catapultaron el litoral malagueño internacionalmente. Y es junto a las playas donde existe la mayor concentración hotelera, no sólo de la provincia de Málaga, sino de toda Andalucía. Los 161 kilómetros del litoral malagueño albergan todo aquello que el turista suele demandar con más frecuencia, desde el tipo de alojamiento por el que se decante –los hay de todas las categorías y con una excelente relación calidad/precio-, a un espectáculo internacional o autóctono, pasando por una gastronomía enormemente variada y de consolidado prestigio o la posibilidad de practicar cualquier tipo de deporte.
A los amantes de la playa la Costa del Sol les brinda un sinfín de posibilidades. Pueden disfrutar de un baño en una extensa playa dotada de todos los servicios (bares, restaurantes, duchas, sombrillas, hamacas, palmerales, parques infantiles, accesos adaptados a discapacitados, vigilancia y puestos de socorro, alquiler de hidropedales, esquíes o motos acuáticas), o bien en una cala reducida y menos bulliciosa e incluso practicar el nudismo en zonas específicas y bien señalizadas. Conviene advertir que en las calas de Maro, en la zona oriental y limitando con la provincia de Granada, no hay servicios de ningún tipo por haber sido declaradas paraje natural. Como contrapartida, son las más bellas de toda la Costa del Sol.
Turismo náutico
Para las embarcaciones y el deporte acuático, la Costa del Sol dispone de once puertos deportivos, con lo que se coloca a la cabeza de Andalucía en infraestructuras náutico-deportivas. Todos estos puertos, desde el más pequeño hasta el de mayor capacidad, disponen de servicios para atender cualquier necesidad que pueda planteársele al propietario de una embarcación, y además, en algunos de estos puertos hay escuelas autorizadas oficialmente para obtener la licencia de patrón de barco, para el aprendizaje de la navegación a vela o, simplemente, las que enseñan a bucear con el equipo completo de submarinista por si a alguien le apetece explorar el fondo marino.
No hay que olvidar tampoco que dentro de los puertos deportivos se sitúan algunas de las zonas de recreo más concurridas de la Costa del Sol, con bares, restaurantes y discotecas que marcan estilo o tiendas de moda en las que se pueden encontrar las prendas más sofisticadas.
El deporte que más ha prosperado en la Costa del Sol es el golf, al menos así lo pone de manifiesto la existencia de más de 50 campos, la mayoría de ellos con una zona residencial contigua para mayor comodidad de alojamiento de los deportistas y ubicados en la zona occidental, que presenta la mayor concentración de campos de golf de la Europa continental, sin duda porque la bonanza climática (300 días de sol al año) permite la práctica de este deporte con mayor asiduidad que en otros lugares.
De la excelencia de los campos de golf malagueños da fe el hecho de que algunos de ellos han sido elegidos para la celebración de los campeonatos más influyentes del calendario internacional, como la Ryder Cup, The World Championship, Open de España o Volvo Masters. Además, a la tradicional oferta de campos de golf en la zona costera, en los últimos años el interior de la provincia se ha incorporado con fuerza a este deporte y no son ya pocos los que hay realizados y mucho más los proyectados.
Turismo activo
Los hábitos sociales han impulsado de tal manera la preocupación por la salud y el bienestar que, desde hace bastante tiempo, pocas son las actividades que se realizan que no incluyan el ejercicio físico como parte fundamental de cualquier sistema de vida, algo que, inmediatamente, ha tenido repercusión en el ámbito turístico, puesto que cada vez más, el turista elige un destino en función de la posibilidad que éste le ofrezca de poder practicar su deporte favorito o iniciarse en alguno nuevo.
En este sentido, la Costa del Sol ofrece un abanico de posibilidades tan extenso que, hoy por hoy, muy pocas zonas turísticas puede aproximársele. Dejando aparte el golf, que, dada la enorme proyección alcanzada por este deporte constituye en sí mismo un segmento turístico, el tenis, el padel, el badminton y el squash se han erigido entre las prácticas deportivas más usuales. En consecuencia, la planta hotelera de la Costa del Sol –todos los hoteles de cuatro y cinco estrellas y muchos de tres- disponen de instalaciones propias para este tipo de deportes, por lo que el cliente no tiene por qué salir del recinto hotelero en busca de una pista donde jugar una partida.
En esos mismos hoteles de nivel medio-alto, el cliente puede encontrar un gimnasio en el que fortalecer músculos y eliminar calorías bajo la vigilancia de monitores y fisioterapeutas, amén de otros espacios –por lo general entre jardines o en la propia playa- donde practicar ejercicios colectivos de gimnasia rítmica.
La hípica es otra de las modalidades deportivas por las que ha apostado fuertemente la Costa del Sol, y buena prueba de ello son las recientes instalaciones de la Escuela Ecuestre de la Costa del Sol, en Estepona, y el Hipódromo de la Costa del Sol, en Mijas, que han contribuido a que Málaga comparta con Jerez de la Frontera (Cádiz) la hegemonía de todo lo relacionado con el caballo.
Para quienes buscan la máxima emoción en la práctica deportiva, la provincia de Málaga reúne inmejorables condiciones para el deporte de riesgo. La abundancia de sierras, algunos de cuyos picos rondan los 2.000 metros, brindan la posibilidad del vuelo en parapente o ala delta (la zona del Valle de Abdalajís se ha convertido en un punto de referencia), la escalada o el montañismo en todas sus vertientes.
En contraposición, existen innumerables cuevas y oquedades consideradas auténticos paraísos para los espeleólogos, como la Cueva del Gato, en Benaoján, por la que discurre el río Guadiaro en un recorrido subterráneo de cuatro kilómetros, o la sima GESM, en la Sierra de las Nieves. Incluso la Cueva de Nerja tiene algunas galerías que, por su dificultad, están reservadas a espeleólogos o personas capaces de desenvolverse en espacios abruptos.
En cuanto a senderismo, rutas en bicicleta o a caballo, la oferta de la provincia de Málaga es inagotable, pues de cada uno de sus 101 pueblos parten distintos itinerarios hacia los más diversos parajes. Las oficinas de Turismo o, en su defecto, los propios ayuntamientos, disponen de toda la información sobre el senderismo, con datos precisos sobre el recorrido y la dificultad de las rutas del municipio.
En casi todas las localidades del litoral y en bastantes del interior existen centros perfectamente equipados para la práctica de cualquier deporte o modalidad de atletismo. Al ser instalaciones municipales, la entrada es libre y el precio, prácticamente simbólico. De hecho, en algunos de estos centros suelen entrenar, especialmente durante el invierno, algunos de los más renombrados equipos internacionales de fútbol, que aprovechan la bonanza climática de la Costa del Sol en unos meses en que en su país de origen es complicado realizar los entrenamientos al aire libre.
Turismo de salud
Una de las razones por las que la Costa del Sol continúa siendo uno de los destinos turísticos más demandados del mundo estriba en que ha sabido captar, desde siempre, los cambios que se han ido operando en el turismo internacional. En este sentido, desde que el llamado turismo de salud -concentrando décadas atrás en los vetustos balnearios que no pudieron resistir el empuje del turismo masivo de sol y playa- empezó nuevamente a estar en el punto de mira de algunos viajeros, la Costa del Sol supo, como ninguna otra zona de España, abrirse a ese nuevo modo de descanso, y antes de que empezaran a ser rehabilitados los balnearios tradicionales, los mejores hoteles del litoral malagueño empezaron a incorporar servicios de talasoterapia como una oferta especial a su clientela.
De este modo, los spa fueron apareciendo en la Costa del Sol hasta llegar a constituir un elemento clave para ese tipo de clientela que opta por combinar el ocio con un especial cuidado de su salud. El hotel Incosol, en Marbella, fue uno de los primeros en iniciar este camino, por el que siguieron otros muchos, como el Meliá Costa del Sol en Torremolinos, el Byblos en Mijas o Las Dunas en Estepona, entre otros.
Turismo de interior
Dada la compleja orografía del interior de la provincia de Málaga, un elevado número de pueblos quedan ubicados en lugares poco menos que impensables hoy pero que tuvieron su razón de ser en el tiempo en que fueron fundados. Así, el urbanismo de esas pequeñas localidades que en muchos casos parecen arañar el monte sobre el que se asientan, ha de salvar unos enormes desniveles que la arquitectura popular sin duda ha aprovechado para mostrar toda su imaginación.
El entramado de calles, netamente morisco; el blancor de sus casas restallando sobre el fondo verde del paisaje, la profusión de la teja árabe y, en muchos casos, el cercano riachuelo, configuran la clásica estampa de pueblo andaluz de montaña que parece puesto allí ex profeso para ser fotografiado. Prácticamente en todos los pueblos del interior hay casas rurales perfectamente acondicionadas –muchas de ellas antiguos cortijos- susceptibles de ser ocupadas en cualquier época del año.
Junto a esas casas y cortijos típicos, también ha surgido una pujante industria hotelera interesada en explotar el interior de la provincia. Generalmente estos establecimientos son medianos y pequeños, con un diseño arquitectónico en función de las características del paisaje de la zona en que se ubican, y, por supuesto, absolutamente respetuosos con el medio ambiente, entre otras razones porque las administraciones competentes vigilan muy de cerca el desarrollo turístico de las zonas de interior para preservarlas de cualquier intervención agresiva. Y es en estos lugares donde más frecuentemente pueden encontrarse los llamados ‘hoteles con encanto’.
Espacios naturales
En la ‘segunda Costa del Sol’, es decir, en el interior de la provincia de Málaga, es donde el visitante puede comprobar fehacientemente que se halla en un pequeño continente. La dispar y variante orografía conforma zonas tan distintas entre sí que es imposible no sorprenderse ante su visión, y uno de los mayores atractivos de estas tierras lo constituyen los 23 espacios naturales protegidos ubicados en las distintas comarcas malagueñas, de visita más que recomendada para los amantes de la naturaleza.
Sólo uno de ellos, los Acantilados de Maro-Cerro Gordo, se sitúa junto al mar, en el término municipal de Nerja. Se trata de una sucesión de rocas de gran altura, estribaciones de las sierras de Tejeda y Almijara, que perfilan unas calas de aguas profundas y límpidas donde abunda la pesca submarina. Este es tal vez el paisaje costero más abrupto e impactante de la Costa del Sol propiamente dicha, y que, dada su condición de espacio protegido, permanece virgen.
Desde esta zona de la Costa del Sol se ve, hacia el norte, el paraje natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, que con sus 40.600 hectáreas es el tercero más extenso de la provincia de Málaga. Sus picos más altos, cercanos a los 2.000 metros de altitud sobre el nivel del mar, aparecen regularmente nevados todos los inviernos. El contraste entre la nieve en las cumbres de estas sierras y los cultivos subtropicales de la costa, a muy pocos kilómetros entre sí, es una de las singularidades más notables de la comarca de la Axarquía.
La reserva natural de la Laguna de Fuente de Piedra, en el norte de la provincia, junto a Antequera, es uno de los mayores humedales de Europa, en el que todos los años anidan miles de flamencos antes de emprender vuelo a tierras más lejanas. En la época en que la laguna se puebla de flamencos, el tono rosado del plumaje de las aves destaca sobremanera entre el paisaje de secano que circunda el humedal.
Junto a la ciudad de Antequera, a unos cinco kilómetros de distancia, se halla el Torcal, un espectacular escenario kárstico de 20 kilómetros cuadrados que emergió del mar hace unos 100 millones de años. El agua de lluvia y el anhídrido carbónico de la atmósfera han ido modelando a lo largo de los siglos colosales formas escultóricas y arquitecturas sobrecogedoras, en las que la imaginación puede ver columnatas, palacios, catedrales o colosos.
A caballo entre la comarca del Guadalhorce y la de Antequera se enclava el Desfiladero de los Gaitanes, probablemente el paraje más llamativo de la provincia de Málaga, dadas las proporciones entre la estrecha garganta por la que discurre el río Guadalhorce y la desmesura de las paredes de piedra que dibujan el curso del agua. Junto a este prodigio natural, varios embalses, de los que se abastece la ciudad de Málaga, configuran un amable paisaje de lagos y bosques.
La Reserva de la Biosfera de la Sierra de las Nieves y su entorno, que engloba diez municipios y parte del de Ronda, al noroeste de la provincia, ocupa una extensión de 93.930 hectáreas, y es el mayor espacio natural protegido de Málaga. La riqueza botánica de este parque natural está centrada en la existencia de los bosques de pinsapos -un tipo de abeto que también abunda en el cercano parque natural de Grazalema-, que constituyen una reliquia del Terciario, y es en esta zona donde únicamente se dan en Europa. Junto a las mayores alturas de la provincia (el pico de la Torrecilla mide 1.919 metros) se observan también las mayores oquedades, como la sima GESM, la tercera del mundo en profundidad.
Dentro de este apartado cabría señalar también la visita a los jardines históricos, ubicados en el entorno de la ciudad de Málaga, como la Finca de la Concepción (autovía de Las Pedrizas), del siglo XIX, considerado como uno de los mejores jardines tropicales de Europa, y El Retiro (carretera de Coín), jardín cortesano del siglo XVIII que a su riqueza botánica añade una notable colección de fuentes y esculturas de distintas épocas y de gran valor artístico.
Turismo cultural
La estratégica situación geográfica de la Costa del Sol ha propiciado tempranos asentamientos humanos no sólo en el litoral, como lo prueban las pinturas y objetos hallados en la Cuerva de Nerja (20.000 años de antigüedad) o en la del Tesoro, en Rincón de la Victoria, sino también en el interior de la provincia (monumentos megalíticos de Antequera, entre otros vestigios).
No obstante, hasta la llegada de los fenicios, que fundaron Malaka en el siglo VIII a.C., no puede hablarse de una ciudad construida con un mínimo entramado social. A partir de esa época, la Costa del Sol va a ser colonizada o tomada, según los casos, por todos los pueblos que han surcado el Mediterráneo. Debido a ello, el legado histórico-artístico que guarda esta zona es de una riqueza y diversidad extraordinarias.
Pero no de todas las civilizaciones que dejaron aquí su impronta hay vestigios bien conservados, pues es sabido que, en la antigüedad, una cultura se superponía a otra a base de destruir la anterior. Aun así, de la época fenicia quedan parte de los cimientos de la antigua Malaka precisamente en el equipamiento cultural más moderno de la ciudad: el Museo Picasso.
Del esplendor romano, en cambio, sí quedan construcciones más sólidas, como el Teatro Romano de Málaga, del siglo I d.C., la villa romana de Río Verde, en el término municipal de Marbella, también del siglo I d.C.; la ciudad de Acinipo, a 21 kilómetros al noroeste de Ronda, con un muy bien conservado teatro del siglo I a.C., y numerosas villas dispersas por toda la provincia, buena parte de ellas descubiertas en Antequera, ciudad en la que destacan las Termas romanas de Santa María.
De la huella islámica quedan importantes obras arquitectónicas, como la Alcazaba de la capital malagueña, el castillo de Gibralfaro –excepcional atalaya para contemplar toda la bahía-, la puerta del mercado de Atarazanas (siglos XII-XIII) y restos de lienzos de murallas que rodeaban la ciudad medieval. En Ronda se pueden admirar los excelentemente bien conservados Baños Arabes o la Puerta de Almocábar (ambas construcciones de los siglos XIII-XIV) y el Puente Arabe, mientras que en Antequera sobresale su Alcazaba (siglos XI-XIV), desde la que se domina toda la ciudad, y en Fuengirola, el castillo de Sohail, al borde del mar y junto a la desembocadura del río.
Tras la conquista de Málaga por las tropas cristianas, surgen con fuerza las construcciones renacentistas (la Colegiata de Antequera y la primera fase de la Catedral de Málaga son los mejores ejemplos), pero sobre todo es el estilo barroco, coincidiendo con una bonanza económica, el que mayor representatividad tiene a lo largo y ancho de la provincia de Málaga. Palacios, iglesias, centros administrativos, conventos y diversas infraestructuras a la manera barroca abundan por doquier en la Costa del Sol. A la explosión barroca le sucede un nuevo período de decadencia que se extenderá, a excepción del resurgir industrial del XIX, hasta bien entrado el siglo XX, cuando el turismo se configura como una nueva fuente de riqueza.
Para finalizar el itinerario histórico-artístico conviene citar algunos de los museos más interesantes, como el del Grabado en Marbella, el Precolombino en Benalmádena, el de Joaquín Peinado (uno de los integrantes de la Escuela de París) y el Taurino en Ronda, el Municipal de Antequera (alberga la excepcional escultura romana del Efebo), el Berrocal en Villanueva de Algaida y, ya en la capital, el recientemente inaugurado Museo Picasso, con más de 200 obras de este artista, el de Artes Populares, el Catedralicio o el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, sin olvidar que en prácticamente en todos los municipios malagueños existen pequeños museos dignos de dedicarles una visita.
Turismo de idiomas
El llamado turismo de idiomas no es ni mucho menos una opción o una necesidad de estos últimos tiempos, pues al menos ya en el siglo XVIII no era infrecuente que las familias –las más pudientes, claro está- enviaran a sus vástagos a aprender idiomas en distintos países. Lo que sí es cierto es que en las últimas décadas esta costumbre se ha socializado y ahora es un hecho habitual el trasiego de jóvenes de un país a otro con el objetivo de perfeccionar el idioma aprendido en la universidad.
Desde hace bastantes años la provincia de Málaga empezó a acoger a numerosos grupos de jóvenes que pasaban aquí un curso entero dedicados al aprendizaje del español. Y con el avance de nuestro idioma, que se ha convertido en la segunda lengua más estudiada en buena parte de Europa y EE.UU., el número de estudiantes de español ha ido en aumento hasta el punto de que Málaga se ha convertido en la provincia andaluza que más turismo de idiomas recibe y una de las preferidas de toda España para realizar el aprendizaje del español.
Es evidente que el clima tiene mucho que ver en esta opción, pero también el prestigio de los muchos centros especializados en la enseñanza del español que hay en la provincia, las buenas comunicaciones, la amabilidad de las gentes, la oferta de ocio y cultural y, dentro de ésta, la posibilidad de visitar en un solo día pueblos y ciudades monumentales que a lo sumo distan 200 kilómetros de la capital malagueña. Las estadísticas más recientes cifran en unos 40.000 los estudiantes extranjeros que pasan un curso completo en Málaga.
Turismo de reuniones
Siempre en la avanzadilla turística internacional, la Costa del Sol se percató muy pronto de las grandes posibilidades que ofrecía lo que hoy se conoce como turismo de congresos, convenciones e incentivos, y por ello, hace ya más de 30 años, fue inaugurado en Torremolinos el Palacio de Congresos y Exposiciones de la Costa del Sol, que constituyó una alternativa a las grandes ciudades europeas que en aquellos años capitalizaban este segmento turístico.
Consolidado el palacio de Torremolinos, otras ciudades costeras siguieron años más tarde el ejemplo, y así, sucesivamente, fueron inaugurados el Palacio de Ferias y Congresos de Marbella, el Palacio de Congresos y Exposiciones de Estepona y, últimamente, el Palacio de Ferias y Congresos de Málaga. Todos ellos disponen de numerosos salones de distinta capacidad para poder acoger de la manera más idónea todo tipo de reuniones, no sólo en cuanto a número de asistentes sino también en cuanto a la materia a tratar en el congreso, ya que los salones de estos recintos disponen de las más avanzadas tecnologías audiovisuales y de un equipo de traducción simultánea que facilitan el desarrollo del congreso que sea.
Ha sido el propio sector turístico el que ha avalado la Costa del Sol como destino preferente de congresos e incentivos al haber celebrado aquí, hace unos años, dos de los eventos profesionales de mayor calado de la industria turística, como son los congresos generales de la Asociación de Agentes de Viaje de Gran Bretaña (ABTA) y de Alemania (DRV), que constituyeron un espaldarazo a la capacidad organizativa de la zona en el ámbito de los congresos.
La expansión que este segmento turístico tiene en la Costa del Sol se observa igualmente en el hecho de que, junto a los palacios ya mencionados, los grandes hoteles –en torno a 20 de cinco y cuatro estrellas- han incorporado a sus instalaciones espléndidos salones especialmente diseñados para la celebración de congresos, de tal manera que puede asegurarse que la actividad congresista en la Costa del Sol se realiza de una manera continuada durante todo el año.
Turismo de cruceros
De siempre ha sido el puerto de Málaga uno de los puntos elegidos por los grandes cruceros que surcan el Mediterráneo para hacer escala. Pero a partir de la década de los 90, la entrada de cruceros en el puerto malagueño empezó a tomar un extraordinario auge, de tal modo que las administraciones competentes le han prestado una especial atención a este tipo de turismo en alza.
Con una rapidez poco usual en el ámbito de los cruceros, el puerto de Málaga ha ido escalando puestos en el ranking nacional y actualmente es el tercero de España por el número de buques entrados, después del de Barcelona y el de Las Palmas de Gran Canarias. En el último año contabilizado se registraron 270 buques y casi 200.000 pasajeros, con la particularidad de que el 60 por ciento del pasaje de los transatlánticos que hacen escala en Málaga se queda en la ciudad o realiza excursiones a algún lugar de la provincia, cuando no hace tantos años la mayor parte de los cruceristas desembarcaba y emprendía viaje a Granada, Sevilla o Córdoba; esto no viene sino a demostrar que la provincia de Málaga ofrece los suficientes atractivos como para captar la atención del viajero.
Además, el puerto de la capital de la Costa del Sol ha sido sometido a una espectacular ampliación –aún se encuentra en pleno proceso de expansión- para que en él puedan atracar los mayores barcos del mundo, y el ejemplo de la capacidad de este recinto portuario ha sido la reciente llegada del Queen Mary 2, que atracó en el nuevo muelle de Levante.
Gastronomía
En lo referente a la gastronomía es oportuno indicar que la Costa del Sol posee la mayor concentración de establecimientos hosteleros de toda Andalucía. La opción abarca desde los más prestigiosos, incluidos en la guía Michelín (El Tragabuches en Ronda, el Café de París en Málaga, y el restaurante del hotel Las Dunas en Estepona), a los más económicos y populares. Mención especial merecen los especializados en el ya famoso ‘pescaíto frito’, que se ubican preferentemente en la zona costera (La Carihuela en Torremolinos y Pedregalejo en Málaga, sobre todo), aunque en cualquier pueblo costero y ya incluso del interior ofrecen esta exquisitez gastronómica con las máximas garantías de calidad.
Pero no toda la gastronomía tradicional malagueña se reduce a su deliciosa fritura de pescado. Sería prolijo enumerar siquiera sucintamente las especialidades de los 101 municipios de la provincia de Málaga, pero conveniente destacar, entre los platos autóctonos en general, el gazpacho, el gazpachuelo, la ensalada malagueña, la porra, las sopas de pescado o los potajes, todo ello cocinado de mil maneras siguiendo el recetario popular transmitido de generación en generación en cada uno de los pueblos. Asimismo, los derivados del cerdo, particularmente en las zonas de interior, son de una extraordinaria calidad.
Fiestas populares
El calendario festivo de la provincia malagueña es tan amplio como sorpresivo. Desde la capital hasta el más pequeño de los pueblos cuentan con celebraciones tradicionales que se celebran preferentemente en verano. Las fiestas patronales y la Semana Santa suelen ser los festejos más populares, pero hay muchos otros de carácter gastronómico que en sólo unas décadas de existencia han adquirido el favor de miles de visitantes.
Espectáculos
En cuanto a espectáculos, estos suelen ser más frecuentes en verano, época en la que todas las localidades de la Costa del Sol organizan festivales de música, teatro y danza, algunos de carácter internacional, que alcanzan gran altura artística. Ello no quiere decir que el resto del año no haya posibilidad de asistir a un buen espectáculo, pues casi todos los municipios costeros disponen de grandes auditorios cubiertos con programación permanente.
No obstante, la cartelera más variada y abundante se registra en la capital malagueña, concretamente en el Teatro Cervantes (hay varios teatros más), sede de la Orquesta Filarmónica de Málaga -un conjunto sinfónico de primer orden- y de los festivales de Teatro, Cine Español, Jazz, Temporada Lírica y del ciclo Ciudad del Paraíso, en el que actúan los más reconocidos intérpretes y agrupaciones sinfónicas internacionales.
En los núcleos costeros destacan Nerja, con el Festival de Música y Danza que se celebra en la Cueva de Nerja; Fuengirola, que tanto en el espectacular Castillo Sohail como en el Palacio de la Paz programa grandes espectáculos musicales; Benalmádena, en el auditorio del Parque de la Paloma; Torremolinos, en el auditorio Príncipe de Asturias, con una notable programación lírica, y mucho otros.
Toros
El mundo de los toros, incomprendido o no aceptado por cierto tipo de público pero sin duda fascinante, tiene también una amplia presencia en la Costa del Sol, donde durante todo el año, especialmente en primavera y verano, se ofrecen corridas en las que intervienen los mejores matadores del momento. La de Ronda es el paradigma de las plazas de toros españolas, no sólo por ser la más antigua (siglo XVIII) y arquitectónicamente una de las más bellas, sino por contar con una escuela taurina que ha hecho historia.
La de Antequera y la de Málaga capital son otras de las plazas de toros andaluzas de mayor raigambre, a las que hay que añadir las más recientes de Marbella, Fuengirola, Torremolinos y Benalmádena, e incluso la de Mijas, la más atípica de todas ya que no observa la tradicional estructura en círculo, una característica que también define a la singular plaza de Carratraca.
Parques temáticos
Para el ocio en familia, la Costa del Sol ofrece al visitante algunos espacios únicos. Tal es el caso de Selwo Aventura, en Estepona, donde pueden observarse en estado de semilibertad más de 200 especies de animales procedentes de los cinco continentes. Selwo Marina, en Benalmádena, acoge el único pingüinario de España, y sin salir de este municipio se puede ascender, mediante un moderno telecabina, a la cima del monte Carramolo, desde donde se divisan las más espectaculares panorámicas de la Costa del Sol, y en días de escasa nubosidad –que son los más habituales en esta zona-, las costas de África. A los pies de las instalaciones del telecabina se ubica el parque atracciones Tivoli, un auténtico jardín botánico jalonado de restaurantes, escenarios que acogen distintos espectáculos y atracciones para todos los gustos y edades.
Además de todo lo expuesto, la provincia de Málaga le ofrece al turista la ancestral y reconocida hospitalidad de sus habitantes, algo que no se puede medir ni evaluar porque se trata de la idiosincrasia de un pueblo con casi tres milenios de historia, una historia que, necesariamente, ha ido dejando un poso de respeto y tolerancia hacia lo distinto porque muy distintas entre sí son las culturas que ha absorbido este territorio.
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